26-6-2012
ASISTENCIA. La organización informó que Siria es uno de sus principales problemas
La primavera árabe y el conflicto en Siria fueron las grandes pruebas de fuego para el movimiento de la Cruz Roja en los últimos meses, un «período complejo y de crisis imprevistas» que ha obligado a «respuestas rápidas y eficaces».
Así lo describió ayer el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Jakob Kellenberger, en la presentación del informe anual de esta organización. El grupo debió luchar principalmente contra los conflictos armados, la falta de alimentos, las sequías y las inundaciones.
Consecuencia de ese trabajo, explicó Kellenberger, es que 6,8 millones de personas (enfermos y heridos en conflicto) precisan hoy de la asistencia de Cruz Roja para recibir atención médica.
Con unos gastos anuales de € 860 millones (US$ 1.074 millones), la organización con sede en Ginebra desarrolló el año pasado programas de asistencia en 80 países, especialmente en el Congo, Costa de Marfil, Libia, Mali, Níger y Pakistán.La organización distribuyó comida a 4,9 millones de personas e incluyó a otros 3,8 millones en programas de producción alimentaria sostenible. Además, visitó a 540 mil prisioneros en 1.869 centros de detención de 75 países, siendo Cuba una de las pocas excepciones en la que las autoridades no permiten el acceso de la Cruz Roja.
La conferencia de prensa del presidente del CICR, que está próximo a abandonar el cargo tras 12 años de gestión, estuvo centrada en la situación en Siria y en los problemas para acceder a la ciudad de Homs, donde miles de personas necesitan ayuda.
Kellenberger recordó que la Cruz Roja y la Media Luna Roja «son todavía la única organización internacional que trabaja sobre el terreno en relación con los combates», y descartó que sus trabajadores entren en Homs mientras no haya garantías de seguridad.
«Para poder ir a un sitio en una situación como la actual, es importante tener un acuerdo sin ambigüedades entre las partes involucradas en la violencia, de todas ellas. Solo así se puede entrar y hacer el trabajo», manifestó Kellenberger.
Agregó que los voluntarios no han podido visitar los centros de internamiento de la oposición -donde la ONU sospecha que se están cometiendo graves violaciones de los derechos humanos-, a pesar de que Damasco aparentemente dio el visto bueno para las visitas.
Antes de finalizar, Kellenberger lamentó que una vez más en Siria no se cumplen las leyes básicas del derecho internacional: «He visto demasiado, situaciones en las que los civiles son objetivo y víctima de la falta de esfuerzos para distinguir entre civiles y combatientes», comentó. (EFE)